A veces hablamos de los miembros de un
partido político y somos incapaces de distinguir a unos de otros, por lo que
vaya por delante mi reconocimiento al Partido Popular de Cantabria en su
iniciativa de prohibir el Fracking en la Comunidad Autónoma. Además, por una
vez y sin que sirva de precedente, se consigue la unanimidad de todo el
espectro político y se avanza así un paso de gigante en la difícil misión de
concienciar a la ciudadanía de los peligros de la fractura hidráulica.
Y dicho esto, quiero hablar de las recientes declaraciones
del ministro Soria, que ha saltado a la escena anunciando la incorporación del
fracking a la agenda política, no sólo como algo que no es necesario desterrar
de nuestros suelos, sino como algo digno de potenciar y de incentivar para no
perder la carrera energética.
El argumento es pobre como ninguno y huele de
lejos. Soria se permite compararnos con Estados Unidos y anuncia que gracia al
fracking se puede ser autosuficiente y exportar energía. Esto, dicho por un
gobierno que no duda en prostituir nuestros recursos naturales en pos del
clásico pelotazo, no es más que retorcer y desfigurar la verdad, tergiversación
en estado puro, por no decir demagogia. Porque cuando el consumismo de nuestra
sociedad ha devorado en unas pocas décadas los todos los combustibles fósiles y
todos los recursos que ha tenido a mano para construir una sociedad
insostenible y peligrosa, ponerse ahora a buscar gas debajo de las piedras
(literalmente) para que el tren no deje de rodar refleja la visión miope y
chapucera del gobierno en política energética. Y da una pista de cuál es el
futuro al que quieren dirigirnos, si es que nos dejamos.
La autosuficiencia energética, y esto hay que
tenerlo claro cuanto antes, pasa por las energías renovables. Por el Sol, el
viento y el mar. La autosuficiencia energética pasa también por la
investigación y por la innovación tecnológica, por la eficiencia y por la
reducción del consumo a unos niveles saludables. En un país maltratado por la
administración en cuestión de energía eólica y fotovoltaica, hace tan sólo unos
días, las energías limpias suponían la fuente del 40% del total del consumo eléctrico
nacional. Contaminar el subsuelo y provocar terremotos no es el camino para
llegar a ningún sitio, sin ir más lejos, en la ejemplar América, o en la vecina
Holanda, se apunta al fracking como la principal causa de
algunos terremotos de más de 5 puntos en la escala Richter. Apostar ahora por
el fracking es una forma hortera de negar la realidad de este país y seguir
protegiendo los bolsillos de unos pocos.
Cuando dice el ministro, en definitiva, que
no podemos permitirnos el lujo de perder carreras, no tiene en cuenta que una
carrera tan importante como la de la energía no se gana mirando al siglo
diecinueve, sino a las posibilidades que nos depara el futuro y a lo que podemos
exigirle todavía a nuestra propia tierra. Quedan caminos por explorar sin que
mañana tengamos que pagar la enorme factura de un suelo devastado, de unas aguas
sucias y de más gases invernadero expulsados a una atmósfera ya bastante contaminada. Llenarse la boca, como hace el ministro
Soria, hablando de un modelo energético seguro, equilibrado y sostenible desde
el punto de vista ambiental, pero supeditarlo a que sea económico, es llenarse
mucho la boca de palabras vacías. Es ser un pobretón política e
intelectualmente.
Y ahí que van, de tapado y de perfil, casi
con pasamontañas pese a su mayoría absoluta. Al igual que con la Ley de Costas,
al igual que con aquella ley a la carta que mandaba a Ibarretxe a la cárcel
hace unos años si se atrevía a convocar el famoso referéndum. El PP legisla de
puntillas y sin que nos enteremos, a través de enmiendas en el Senado y de
disposiciones adicionales segundas y terceras, en esta ocasión en un proyecto
de ley sobre los sistemas eléctricos extrapeninsulares. El sumun en
transparencia y participación ciudadana. Sólo apto para catedráticos del BOE.
Hoy más que ayer, la derrota total,
económica, política y social a la que nos conduce el gobierno de Mariano Rajoy
y del ministro Soria se cierne sobre nuestras cabezas. Nos va a costar décadas
y muchas manos ayudando el recuperarnos de una de estas. Nos va a suponer
empezar otra vez desde cero, y eso en el caso de que sea reversible. España
puede no ser capaz de superar otro pelotazo como el que nos ha llevado a esta
situación de crisis desgarradora. Urbanizaciones vacías en todo el litoral
mediterráneo y seis millones de parados dan fe de ello. Así no.
Por lo menos, hoy, alguien ha hecho lo
correcto y nos puede servir de modelo. Hoy no llueve en Santander.